De frontera a frontera: La región sur me reorienta hacia el norte

A personal essay (Spanish) of my journey in the past year near the southern Mexican border, my criticism of Mexican civil society organizations working on migrants rights and the hypocrisy of advocacy efforts on both sides of the Mexico-US border.

Essay first appeared in El Nuevo Sol on April 6, 2017.


Mex-Guate Border
En la frontera México-Guatemala, Lago Internacional (julio 2016)

¿K’uxi elan avo’onton? es una expresión que se usa para saludar dentro de las comunidades indígenas tsotsiles en Chiapas. Me explicaron que su traducción literal es “¿Cómo está tu corazón?” Ha sido una de las más lindas expresiones que he escuchado y que no llegué a pronunciar correctamente, pero me llenaba de felicidad cuando me respondían, “Lek oy”, “muy bien”. Lo que sí aprendí es que es más que una expresión. Representa otra manera de pensar. Desde este saludo se combate la superficialidad a la que nos hemos acostumbrado cuando nos preguntan: “¿Cómo estás?”, al cual la mayoría respondemos “bien”, de manera robótica, aunque en realidad no lo estemos.

La pregunta ¿K’uxi elan avo’onton? también es una invitación a la reflexión desde el corazón, porque no solo desde ahí se siente, también se piensa. Para yo poder responderla, tendría que volver a mirar hacia esa parte dentro mí que había hecho a un lado por mucho tiempo, porque era mejor no sentir el dolor causado por las rupturas que he sufrido a lo largo de mi vida como migrante. Pronto me di cuenta que no tenía certeza de en qué condición estaba mi corazón, ni si lo tenía intacto. ¿Habrá estado conmigo en los últimos 7 años que he estado en México o parte de él se habrá quedado en Los Ángeles, donde viví 20 años de mi vida antes de ser deportada?

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¿Dreamers en México?

Tuve el gusto de dialogar con la última de varias delegaciones de “Dreamers en México” que conocí durante su visita a México por medio de la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), en un encuentro entre los que venían de allá (Estados Unidos) y los que ya estábamos aquí (México). La lucha del movimiento de jóvenes indocumentados en Estados Unidos la conozco, ya que en un momento yo pertenecía a esta, pero nunca acabas de conmoverte por la resilencia que vez en cada historia de vida. Así que me di el tiempo de escucharlos, el ver que tan importante era para ellos reconectarse con sus raíces después de décadas de no haber estado en su país de origen. Al mismo tiempo, como se los dije en persona, yo soy crítica de estas delegaciones de Dreamers traídas por el gobierno mexicano. No por la oportunidad que se les brinda de visitar a su país, si no por el contexto y las circunstancias en las que sucede.

Al ver el siguiente vídeo, me queda claro que esto es propaganda del gobierno mexicano, en donde se difunde el mensaje de que apoya a los Dreamers. Habría que preguntarse, ¿a cuales Dreamers? Les aseguro que no somos los hemos llegado a México de manera involuntaria y que vivimos sin la opción de regresar a vivir a EE.UU.

Creo que para empezar un diálogo honesto con nuestros compañer@s Dreamers al norte de la frontera sobre una solidaridad en una lucha transnacional (tema que tocamos en nuestro encuentro) se tiene que reconocer nuestro posicionamiento. La verdad es que lo que yo esperaría de los que se llaman ser solidarios con nosotros en México, es que reconocieran abiertamente de qué se trata su lucha, la cual no es de regresar a México si no de poder quedarse en EE.UU. Al final del vídeo se hace referencia a aquel México que se ve como una potencia económica, pero al mismo tiempo, se pierde de vista los problemas serios que tenemos de derechos humanos.

Aquí en México, los activistas, periodistas y personas que luchan por un cambio lo hacen corriendo el riesgo de perder sus vidas. Aun siendo una economía emergente, vivimos en uno de los países más desiguales del mundo. Esta es la verdad que se les escapa a los que se comen el discurso del gobierno. No cabe duda que México es un país hermoso y que hay mucho que apreciar, más si vienes de visita y no tienes la necesidad de quedarte en este país indefinidamente. 

Una vez más, los Dreamers que estamos en México somos invisibilizados con la ayuda de los mismos activistas del pro-movimiento inmigrante en EE.UU., los que hablan de un México “lindo y querido” que con orgullo promueven. Pero irónicamente, prefieren estar de regreso al país en el que están arraigados, y este no es México, mientras que nosotros seguimos en el olvido, sin poder ejercer nuestro derecho de también pertenecer allá, en las comunidades donde crecimos en EE.UU. #NiDeAquíNiDeAllá #DreamerTourism

La SEP, alejada de la realidad que enfrentan los jóvenes Dreamers retornados

Políticas públicas imponen el mayor obstáculo al reconocimiento de estudios de Dreamers retornados de Estados Unidos: La Revalidación

Fue hace cinco años cuando me confronté con un monstruo burocrático al que yo desconocía. Tras un retorno forzado a México después de cursar toda mi carrera académica y profesional en Estados Unidos (EUA), no fue suficiente acreditar mi identidad como mexicana para que se me reconociera mis estudios que completé en aquel país en el cual viví como indocumentada. Fue difícil sobrevivir uno de los rechazos más fuertes que uno puede experimentar – ser expulsada del país que te vio crecer. Aún más doloroso fue llegar a otro país, el cual me dicen que según es “mi casa” y al que “pertenezco” por el simple hecho de ser ciudadana, pero que a la misma vez sea el país que me ponga traba tras traba para poder hacer valer mis estudios y conocimientos. Es decir, en México, ante las entidades de gobierno como la Secretaría de Educación Pública (SEP), mis estudios de EAU no valen.

El Vía Crucis de la revalidación de estudios

A pesar de haber terminado una carrera en Administración de Negocios de una universidad acreditada en EUA, el único nivel que se me ha reconocido en México por el proceso de revalidación es el de un Bachillerato General. La ayuda que obtuve de mis amistades en Los Angeles para obtener los documentos requeridos por la SEP fue lo que lo hizo posible. Para obtener estos documentos, una amiga fue a mi preparatoria en Los Angeles a pedirlos (por suerte fue alguien que asistió a la misma escuela). Pero en México, no fue suficiente tener una copia original del diploma o historial académico de “high school” o de la universidad.

El siguiente requerimiento fue la apostilla que solo se puede conseguir desde EUA. Para obtenerla, le di mis diplomas y certificados de estudios a otra amiga con la que frecuentaba por la proximidad, yo estaba Tijuana y ella en San Diego, para que fuera directamente a una oficina estatal de California Secretary of State, para tramitar la apostilla.  Ya teniendo la apostilla que certifica la legitimidad de dichos documento (ojo, no el contenido), tuve que buscar un perito traductor oficial para traducirlos del inglés al español. Para empezar, yo no sabía que significaba “perito” ni tampoco como verificar cual es oficial y cual no, esto no es algo que te oriente ninguna oficina de gobierno. Pero al echar uso de la tecnología y mi fiel amigo Google, me encontré con el portal del Poder Judicial de Estado de Baja California con una lista de traductores en mi zona. Después de comparar precios tomando en cuenta los escasos recursos económicos que tenía, me decidí por uno al cuál le pagué casi $200 dólares por traducir todo: los diplomas, certificados de calificaciones y hasta el mismo apostille. Finalmente, sometí esta documentación a la SEP estatal, claro después de pagar otra cuota, para que procesara la revalidación del bachillerato. Desde esta fase, la revalidación solo tomó un par de semanas para procesarse. Pero para obtener estos documentos, puede tomar meses (como fue para mí), años para otros y tal vez no sea posible para muchos jóvenes retornados y deportados que no cuentan con estos recursos.

El reconocimiento de mis estudios universitarios nunca sucedió; ahí quedo con un diploma universitario y su apostilla guardados en un gabinete después de decidir a no proceder con la revalidación (para revalidar un nivel de estudios tienes que haber revalidado el anterior). Esto fue después de platicar con representantes de cuatro universidades en Baja California que me hicieron saber del requerimiento de la SEP de equivalencia académica que posteriormente conocí como el Acuerdo número 286 (2001), el cual en su sección 25.1 estipula que el contenido de un plan de estudio extranjero tendrá que ser el 75% equiparable con uno en México, algo que es técnicamente imposible.

En fin, la opinión de cada uno de los representantes de estas universidades en México fue que en el mejor de los casos, solo tendría una revalidación parcial y yo tendría que cursar materias adicionales para completar en México una carrera que ya había terminado en EE.UU. En ese entonces, trabajaba en un call center por lo cual no tenía ni el tiempo ni los recursos suficientes para hacer una revalidación parcial de estudios, y seguir estudiando no era una opción viable. Para mi, era absurdo tener que tomar clases adicionales para que se me acreditara una carrera que no requiere una especialización en México (como lo puede ser medicina o leyes) para poder ejercerla. Con el transcurso del tiempo, la empresa en la que laboraba me promovió a un rol más adecuado a mis conocimientos. Me recibió mi diploma universitario, el mismo que todavía no reconoce la SEP en México de manera automática. Y después, fue mucho más fácil irme a estudiar al otro lado del mundo donde no me pedían una revalidación para continuar con mis estudios. En otro país donde no soy ciudadana, sí me hicieron valer mis estudios de EUA.

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