Los dreamers de aquí y de allá son de CSUN

Aunque para el gobierno de EE.UU, el yo haber cruzando la frontera quedaba en el olvido, para CSUN no fue así. Leer la carta de la presidente de CSUN en apoyo a los dreamers fue el momento que me sentí más orgullosa de ser estudiante graduada de CSUN.

Recuerdo la primera vez que participé en una junta con la administración de California State University Northridge (CSUN). Fue en el primer año que ingresé al Senado del gobierno estudiantil (Associated Students), representando la “voz estudiantil” en una mesa de trabajo para mejorar las tasas de graduación. En ese entonces, Cal Sate Northridge tenía el porcentaje de graduados más bajo de las universidades estatales de California (CSU) con solo 45.8%, de acuerdo con el informe del 2002 (CSU Accountability Report). Nuestra tarea consistía en proporcionar recomendaciones y plan de acción para mejorar este métrico. El reto más grande era representar las necesidades y experiencias de más de 30 mil estudiantes. ¿Que efecto tendría en el éxito académico el que un estudiante perteneciera a una minoría étnica o de ser el primero/a en su familia en asistir a una universidad? ¿O que fuera un dreamer, un estudiante sin documentos?

En 2002, la categoría de “estudiante dreamer” no era una de las que se comenta en los altos niveles de la administración de CSUN. Uno de los problemas era que el estatus de indocumentado de un estudiante no era percibido por las instituciones de estudios superiores. No podría ser un factor a considerar cuando se revisaban las estrategias para mejorar las tasas de graduación porque nosotros no éramos visibles a causa del temor que sentíamos en ser identificados. ¿Habría manera de saber si la administración universitaria entendería nuestros retos y quisiera ser nuestra aliada? ¿Identificaría que la falta de un seguro social resultaría más desventajosa que la falta de acceso a materias básicas para un estudiante indocumentado? No lo llegué a saber porque opté por seguir en las sombras.

Con el transcurso del tiempo, fui conociendo miembros del personal de CSUN que se fueron convirtiendo en mentores. Algunos pocos llegaron a conocer mi historia como estudiante indocumentada. Su apoyo resultó ser una de las razones por las que logré terminar mis estudios en el 2004. Desafortunadamente, otros en circunstancias similares sólo llegaron a ver sus sueños truncados.

En los años posteriores a mi graduación, seguí en contacto con mis mentores que seguían laborando en la universidad. Así es como me enteraba que llegaban a interactuar con mayor frecuencia con estudiantes dreamers. No llegaré a saber con certeza si esto fue a consecuencia de un incremento de estudiantes dreamers matriculados en CSUN o si, a diferencia de sus predecesores, había más “saliendo de las sombras”. O tal vez una combinación de los dos. Lo que si fue evidente es que la presencia de los estudiantes “sin papeles” llegó a ser notable en el campus. El movimiento dreamer a nivel nacional fue creciendo y teniendo más visibilidad y estaba empezando a dejar una huella en el campus de CSUN. Se estableció CSUN Dreams To Be Heard como una organización estudiantil apoyando a los estudiantes dreamers. Pero, ¿habrá notado esta presencia de dreamers la administración de CSUN? Nueve años después de mi graduación, me llega la respuesta.

Era un martes 6 de agosto. Yo estaba pegada a mi computadora, al pendiente de lo que sucedía con los nueve soñadores, mas bien conocidos por Dream9, que estaban detenidos en el centro de detención en Eloy, Arizona. Llevaban 15 días desde que iniciaron una de las acciones de desobediencia civil más radicales que ha visto el movimiento dreamer. Las noticias eran conmovedoras. Se publicaba que en unos días serían liberados. Cada uno había logrado avanzar con su solicitude de asilo político y se esperaba su libertad. Para mí, como dreamer deportada ya radicando en Tijuana, era muy relevante esta noticia porque estos jóvenes estaban desafiando las políticas de deportación del gobierno del Presidente Obama, las que han afectado de manera irreversible a millones de familias, incluyendo la mía.

En un momento repentino, recibo un correo de uno de mis contactos en CSUN. En él, me comunican que la presidente Dianne Harrison ha seguido de cerca a los nueve soñadores y que reconoce las acciones de valentía de estos jóvenes, y en particular expresa su solidaridad con Lizbeth Mateo ya que ella fue estudiante de la universidad además de ser co-fundadora de CSUN Dreams To Be Heard. Adjunto encontré la copia electrónica de la carta que la presidente Harrison había enviado la semana anterior a legisladores estatales y federales y donde les pedía que actuaran de una manera rápida y decisiva en aprobar una reforma migratoria, en particular el DREAM Act.

Fue la primera vez que había escuchado que el nivel más alto de la administración de Cal State Northridge se expresara de manera explícita su apoyo hacia los dreamers. La carta concluye con una referencia a mi historial en la universidad y mi experiencia de deportación. Aunque para el gobierno de EE.UU., el yo haber cruzando la frontera quedaba en el olvido, para CSUN no fue así.

En la época en la cual se reconoce el incremento de estudiantes latinos en instituciones de educación superior, hay universidades como CSUN que entienden que entre sus estudiantes se encuentran los que por falta de documentos, forman parte de los “más vulnerables de [la] población estudiantil”. Y aunque la Presidente Harrison asumió su puesto de liderazgo en CSUN desde junio del 2012 y no he tenido oportunidad de conocerla, su carta refleja que ella está conciente que los dreamers hemos y seguiremos siendo parte de la comunidad universitaria. Fue el momento que me sentí más orgullosa de ser estudiante graduada de CSUN.

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Lea la historia de la deportación de Nancy Landa en El Nuevo Sol: Desde Tijuana, ex dreamer de CSUN le pide al presidente Obama una reforma migratoria justa.

Lea el blog de Nancy Landa: Mundo Citizen.

Después de cuatro años de haber sido deportada a Tijuana, México, Nancy Landa está en proceso de comenzar sus estudios de posgrado en Migración Global en Londres este otoño en University College of London (UCL). Vea más detalles y apóyela aquí.

Almost four years after being deported to Tijuana, Mexico, Nancy Landa is looking to begin her graduate studies in Global Migration in London this fall at the University College London (UCL). See more details and lend your support here.

Publicada en El Nuevo Sol

Gatopardo: Sobre “Dreamers” – Texto leído por Emiliano Ruiz Parra en la presentación del 28 de junio en la Ciudad de México

Compartimos las palabras de Emiliano Ruiz Parra, reportero dedicado al periodismo narrativo y autor de “Ovejas Negras”, sobre Dreamers: La lucha de una generación por su sueño americano que fueron leídas en la presentación del 28 de junio en la Ciudad de México.

Nos da la bienvenida a todos los mexicanos retornados y nos invita a reflexionar sobre nuestra identidad; no somos “ex dreamers” si no soñadores en México.

presentaciond

Leído en la presentación de Dreamers, el 28 de junio de 2013 en la Casa Refugio Citlaltépetl de la Ciudad de México.

Existe un país en el mundo en donde no se reconoce el derecho de manifestación para los jóvenes de una minoría racial. Salir a las calles a demandar sus derechos humanos elementales es un delito tan grave que se castiga con la cárcel y el destierro. En ese país se practica una segregación racial sutil pero no menos ominosa: los jóvenes que pertenecen a las minorías étnicas no tienen derecho a acudir a la educación superior, no importa si son buenos o malos estudiantes. En ese país, los oficiales más entusiastas del apartheid encadenan a los miembros de una minoría y los confinan a campos de concentración llamados “ciudades de carpas”. En ese país muy posiblemente se construya el Muro más grande después de la Muralla China. Ese país se llama…

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America: The Land of the Free?

After what has been considered a historic moment in immigrant rights’ history, many in this movement are forced to deal with this question: “Do you support the Immigration Bill approved by the Senate?” I dare to say I am not the only one at odds with the long-awaited reform proposal. On the one hand, it opens the door to a pathway for legalization. On the other hand, its strong focus on security is a result of a misguided public debate on immigration.

There is an underclass of people currently living on the margins of society. Circumstance has pushed millions to immigrate to a country that has refused to recognize them as human beings with full rights while informally welcoming their labor and benefiting from it. A country that for decades has turned a blind eye to an undocumented status when it serves its best interest but when asked for equal treatment and fairness of a community that has been in the shadows, it has only responded by criminalizing it. It is a place where the most basic activities such as driving, attending school, and going to work have become inaccessible at best or a trigger for detention and expulsion in its harshest form.

Without reflection, in a near automatic fashion, opponents of immigration reform would respond, “It is a country of laws and they should be enforced” as a way to justify the treatment of its undocumented residents. Separating families and destroying lives that have been built for decades through deportation seem a fair punishment for such a “crime” of unlawful presence in this paradigm. If these laws we are so eager to uphold are criminalizing the most basic and essential aspects of the daily lives for over 11 million people, then isn’t it time to question whether they are working?

Under this bill, the DREAMers (undocumented youth) is the only group that sees an immediate path to permanent residency by meeting certain age and educational requirements. Perhaps the group that has received the most sympathy in this debate, as they never made a choice in living a life without legal status. Nevertheless, they along with their families have been facing the fear of loosing everything. It is such predicament that has led this vulnerable group in a position where they feel they can’t demand for fair treatment and to accept out of necessity, a flawed reform proposal known as Senate Bill 744.

Unfortunately, the parents and relatives of these DREAMers might never be able to adjust their status in a permanent manner due to the imposition of unattainable border metrics as a prerequisite in addition to strict requirements to maintain a temporary status. Family separation would continue with this Senate bill. Nonetheless, these same immigrants at risk of losing their temporary status at any moment, would still be required to pay income taxes and contribute to the American economy without receiving any public benefits like basic healthcare only available to permanent residents. This seems like one-sided deal and far from what the immigrant community has been fighting for decades.

View of the U.S. from Tijuana/San Ysidro Border
View of the U.S. from Tijuana/San Ysidro Border

On top of that of that, we have the southern border, the Berlin Wall of North America that will receive $40 billion for its militarization; A profitable enterprise for private prisons. Taxpayers will only see their public dollars go to waste in a fence that will witness an exacerbated humanitarian crisis that migrants currently face along the border region.

A security driven immigration proposal demonstrates that the public debate has been derailed by xenophobia rather than an understanding of the migration phenomenon. The criticism should also extent outside the U.S. It is irresponsible for emigrating countries such as Mexico to remain on the sidelines and watch the development of immigration policies that have distorted a human rights issue into a political negotiation gimmick. Migration is not only the concern of the host country as it should involve international dialogue, collaboration, and agreement. We do it for trade. Aren’t human beings as important?

It would be a shame that what immigration advocates refer to “comprehensive reform” would result in disappointment. Unfortunately, for an undocumented immigrant, such disappointment would be very costly as it might come in the form of a deportation. Can American do better? Only if the immigrant community demands it. The DREAMers and their movement have shown us it can be done.